Monasterio de San Jerónimo de Guisando. Un poco de historia

El Monasterio de Guisando es uno de los primeros monasterios fundados en la Península Ibérica por la orden de los Jerónimos, tras el de San Bartolomé de Lupiana en 1330 (Guadalajara) y junto con el de Santa María de la Sisla en 1374 (Toledo), remontándose su origen hasta el año de 1375.

Se encuentra situado en el municipio de El Tiemblo (Ávila) en un lugar aislado en la falda de una montaña, lejos de la civilización, en un remanso de paz y naturaleza.

Su origen se remonta al siglo XIV cuando unos monjes eremitas habitaron las covachas cercanas. Al cabo de un tiempo, decidieron construir un monasterio en aquel lugar, y erigieron una pequeña construcción rural que posteriormente, con el transcurso del tiempo y de los avatares históricos, fue sufriendo varios incendios, reformas, ampliaciones, modificaciones y restauraciones hasta convertirse en lo que es actualmente.

Desde su origen lo han habitado siempre frailes Jerónimos, hasta que en la desamortización del siglo XIX pasó a manos privadas y fue utilizado posteriormente como casa-palacio y vivienda de recreo. A finales del siglo XIX se hicieron importantes trabajos de consolidación de sus ruinas y varias reformas, acondicionando unos jardines al estilo romántico, según la moda de la época.
El conjunto ha sufrido varios incendios a lo largo de su historia. El primer incendio tuvo lugar en 1546 y destruyó totalmente el primer monasterio rural, lo que dio lugar a que en tiempos de Felipe II se ampliara y reformara, creándose un segundo claustro de estilo gótico isabelino y una iglesia ejecutada por Pedro de Tolosa, famoso por su estimable contribución en la construcción de El Escorial. Desde entonces y hasta el siglo XVIII, el monasterio pasó por su periodo de mayor esplendor. Más adelante, durante la ocupación francesa a principios del XIX, sufrió un segundo incendio, y fueron los frailes que lo habitaban quienes se encargaron de consolidarlo, hasta que tuvieron que abandonarlo tras la desamortización de mediados del XIX.

Posteriormente, al pasar a manos privadas, a finales del XIX y principios del XX fue utilizado como casa-palacio y finca de recreo y también en esa época se hicieron varias reformas. A finales del siglo XX tuvo lugar el tercer y último incendio.

Desde entonces, hasta el día de hoy, se han realizado varias actuaciones de consolidación de las ruinas y conservación de los jardines, así como una labor de sensibilización e interpretación del conjunto histórico-artístico.

Actualmente quedan varios edificios en el conjunto que se pueden visitar y que nos desvelan parte de su historia: la iglesia, el claustro, los jardines románticos y la ermita de San Miguel de estilo neoclásico y que se encuentra a media ladera.

El monasterio, junto con sus jardines, cuevas y ermita, fue declarado “Paraje Pintoresco” el cinco de febrero de 1954. También es Bien de Interés Cultural, junto con los Toros de Guisando. Desde la desamortización de mediados del siglo XIX es propiedad privada.

 

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